Las fuerzas invisibles, la vibración y el color

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Estamos rodeados de ondas invisibles a nuestros ojos, e inaudibles para nuestros oídos, pero están ahí, los móviles, los satélites, la radio, el microondas, los sistemas wifi… Lo aceptamos sin cuestionar que existen.

Cuando la luz se descompone, al atravesar el agua de la lluvia, se forma majestuosamente el arco iris. No somos capaces de ver los rayos ultravioletas, ni podemos oír la longitud de las ondas del sonido que forman, pero sí que podemos ver el color.

La ciencia ya reconoce que estamos hechos de energía, como todo en la naturaleza. Estamos en continua pulsión, vibrando a cada momento y comunicándonos e interactuando con esas fuerzas invisibles que nos rodean. Aunque podemos ver con claridad nuestro cuerpo físico, tenemos otros cuerpos con una vibración tan sutil que se escapa a nuestros ojos. Nosotros también somos luz, también tenemos todos los colores del arco iris.

En la medicina tradicional de las grandes culturas como Grecia, China e India, se utilizaba la cromoterapia. Se dieron cuenta de que los colores corresponden a vibraciones con una velocidad determinada, con longitudes y ritmos de onda diferentes. Defendían que el color tiene una influencia física, psíquica y emocional que permite a nuestra energía vital alcanzar un estado de equilibrio capaz de facilitar la autosanación. Nuestro cuerpo sabe como regularse, como ajustarse, como sanarse, aunque hemos perdido la confianza en él, funciona a pesar de nosotros mismos.

Del mismo modo, los minerales vibran con una longitud de onda determinada y por tanto, generan una energía natural que puede ser canalizada y utilizada por el hombre.

En el mundo mineral podemos encontrar casi todos los tonos cromáticos, dependiendo de la composición química del mineral.

Según la intensidad del color del cristal, podrá mover y canalizar unas energías u otras.

Trabajando por colores se potencia mucho más el objeto de la meditación ya que cada cristal tiene su propia luz y su propia fuerza.

El poder del color en los cristales y piedras, a nivel de sanación, es mucho más intenso y sutil que el sonido, ya que la vibración es más integradora para nuestro campo áurico, de ahí que su influencia nos sirva a nivel físico, mental y espiritual.

  • LAS PIEDRAS NEGRAS: Conectan con la tierra por lo que absorben, aportan autocontrol, arraigan, drenan, limpian, sanan. Nos sirven para la angustia, el miedo, la incertidumbre, las dificultades, para la consecución de metas, la transformación de energías negativas en positivas, la protección (sobre todo en casos de miedo a la oscuridad), la disolución de bloqueos energéticos: envidias, celos, sentimientos negativos, etc. Por tanto son adecuadas para limpiar ambientes.
  • LAS PIEDRAS ROJAS: El rojo es el color de la sangre, de la acción, la vida, el optimismo y la fuerza. Se dice que son capaces de dar energía y activar la fuerza del cuerpo, la voluntad, el sistema inmunológico y la resistencia física.
  • LAS PIEDRAS NARANJAS: El naranja es el color de la alegría. Está asociado al gozo, a la sabiduría, a la sociabilidad, a la comunicación. Muchos investigadores lo relacionan con nuestra salud emocional, el sistema muscular y el poder personal. Aportan seguridad. Son proyectivas, fortalecedoras del campo áurico y equilibran.
  • LAS PIEDRAS AMARILLAS/DORADAS: el color amarillo se asocia con la sabiduría y la más alta comprensión intuitiva. El amarillo dorado es el color del Sol, el color de la juventud, la alegría y el júbilo. Favorecen la expresión, la comunicación, el poder personal, la energía física en general, el movimiento, el intercambio energético, la apertura, la expansión. Aportan mucha energía.
  • LAS PIEDRAS MARRONES: El marrón es un color masculino, confortable, nos recuerda a la calidez del otoño, a la realidad de la vida. Las piedras marrones nos ayudan a tocar tierra, a arraigarnos, a equilibrar lo espiritual con lo material. Limpian y purifican, nos aportan prosperidad y funcionan como “semillas” de proyectos y metas.
  • LAS PIEDRAS ROSAS: El rosa es el color del amor y de la amistad. Las piedras rosas son receptivas, sedantes y relajantes por lo que van bien para aliviar la tensión y relajar el cuerpo físico y la mente. Aportan paz, armonía, estabilidad y alegría, por eso conviene tener piedras y cristales rosas tanto para llevar encima como para meditar o relajarnos. Su vibración está relacionada con la capacidad de dar amor y, sobre todo, de atraerlo hacia su portador.
  • LAS PIEDRAS VERDES: El verde es el color de la fertilidad, del fruto que da la tierra. Representa la naturaleza y la materia, la energía de amor hacia uno mismo y hacia los demás. Las piedras verdes tienen una gran capacidad para renovar la energía sutil, aportando fuerza y salud al organismo. Tranquilizan y revitalizan la mente y el espíritu. Es el color de la verdad, de tú verdad.
  • LAS PIEDRAS AZULES: El azul es el color del cielo y el color del mar. Nos aporta tranquilidad y calma interior. Estas piedras son el antídoto del rojo, por lo que calman estados de irritación, nerviosismo, cólera, enfado, ira… Purifican porque nos conectan con la energía del cielo.
  • LAS PIEDRAS ÍNDIGO: Son azules pero con matices violetas y son más elevadas en cuanto a vibración energético-espiritual. Despiertan, fortalecen y expanden la intuición y la clarividencia. Equilibran las facultades cerebrales de los dos hemisferios.
  • LAS PIEDRAS VIOLETAS: El color violeta tiene una vibración muy elevada por lo que simboliza la espiritualidad y la intuición. En cromoterapia se utiliza para calmar el sistema nervioso. Las piedras violetas sirven para todo. Funcionan como instrumentos de protección, transmutación, limpieza y renovación. Limpian las energías negativas y elevan la frecuencia espiritual. Ejercen un efecto estimulante en casos de apatía y depresión. Son capaces de limpiar las energías caóticas enganchadas en nuestra aura por lo que son adecuadas para superar cualquier desequilibrio psíquico, favoreciendo la calma, el sueño y la paz interior. Son las piedras idóneas para superar las adicciones.
  • LAS PIEDRAS BLANCAS: El blanco es el color de la pureza y limpieza. Los cristales blancos, análogos a la luna, protegen y fertilizan. Son ideales en los procesos de limpieza y purificación.
  • LAS PIEDRAS TRANSPARENTES: Son luz en su máxima expresión cristalizada. Potencian las propiedades de los cristales a los que acompañan.