El ritual

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Tanto los japamalas como las pulseras, los tasbishs y joyas energéticas están hechos de manera totalmente artesanal, con gemas que compro en establecimientos especializados que me ofrecen la garantía de un gemólogo experto.

Una vez adquiridas las piezas, lo primero que hago es limpiarlas, no sólo del polvo que hayan podido acumular sino, sobre todo, de la sobrecarga energética que arrastren desde sus orígenes en la mina hasta llegar a mis manos. Se trata de eliminar las posibles energías negativas que podrían interferir en tu bienestar.

Hay diferentes métodos de limpieza, dependiendo de la dureza de la piedra: con agua y sal, con infusión fría de salvia, enterrándolos en la tierra, con agua corriente (en el mar, en un río, con la lluvia…), agua y miel, incienso, aceite…

Una vez limpias hago un ritual de magnetización: escojo un día de Luna Llena. Por la mañana pongo las piedras al Sol, formando un mandala, y hago sonar un cuenco tibetano sobre ellas, la vibración de las ondas sonoras ejerce una beneficiosa influencia en su campo energético. Por la noche, escojo un lugar mágico desde donde pueda ver bien la Luna Llena, y allí vuelvo a construir un mandala con los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire, y todas las piedras que utilizaré en mi nueva colección.

Primero visualizo el triángulo de radiación alma – 7º chakra – corazón – alma. Después visualizo el triángulo de magnetización alma-corazón-7º chakra-alma. Y para cualificar mis manos hago un tetraedro desde el 7º chakra al 6º y a las manos, con toda mi intención en recargar los cristales con la energía del Universo a través del corazón, deseando que las piedras expandan su energía a su futuro portador.

Al día siguiente ya están preparadas para dejarme llevar por la intuición y elaborar las piezas mientras escucho y canto mantras, acompañada por la luz de una vela blanca y una barita de incienso. Todo con una gran dosis de amor.

Si la pulsera, mala o tasbih está hecha por encargo, pienso en la persona a la que va dirigida y en el momento personal que está viviendo, poniendo siempre una intención de equilibrio, comprensión y paciencia, para encajar los cambios.

Si en algún momento sientes que te molesta puede ser síntoma de agotamiento del cristal o tu necesidad de asimilar la información que te trasmite. No te preocupes, límpialo siguiendo las instrucciones, déjalo a la luz de la luna hasta el medio día del día siguiente y guárdalo en su lugar sagrado. Cuando estés de nuevo preparada/o, para llevarlo puesto, el cristal te lo hará saber.